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En esta actividad, colocan pinzas en el borde de una caja. Aunque parece un ejercicio sencillo, implica un gran trabajo a nivel motor. Para poder abrir la pinza, deben realizar presión con los dedos índice y pulgar, fortaleciendo los músculos de la mano y desarrollando la coordinación óculo-manual. Después, al colocarla en la caja, ponen en práctica la precisión y el control del movimiento.
Este tipo de experiencias favorece el desarrollo de la motricidad fina, base fundamental para aprendizajes posteriores como la escritura. El gesto de abrir y cerrar la pinza se relaciona directamente con la prensión que más adelante necesitarán para sujetar el lápiz con firmeza y control.
Por ello, es esencial ofrecer oportunidades para manipular objetos con las manos desde edades tempranas. A través del juego y la exploración, los niños fortalecen sus manos, afinan sus movimientos y construyen habilidades que serán clave en su desarrollo cotidiano.
Desde la mirada de la teoría del apego, acompañamos esta propuesta respetando los tiempos individuales, sosteniendo la frustración cuando algo no sale, favoreciendo la espera y el espacio para el otro en el juego compartido, y entendiendo que no es una tarea obligatoria sino una experiencia lúdica segura, donde el vínculo y el acompañamiento adulto son la base para aprender y crecer.
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