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CASA DE NIÑOS Y NIÑAS "LA ENCINA".Olmeda de las Fuentes (Madrid)

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Entre los 2 y 4 años, comienzan a aparecer los primeros sueños conscientes en los niñ@s, una franja de edad en la que no saben distinguir correctamente la realidad de la ficción. Esto hace que al despertarse se sientan más angustiados todavía. En esta etapa, la imaginación tiene un papel muy importante y, en ocasiones, los sueños o pesadillas pueden generar miedos intensos y muy reales para ellos.
En el aula ha surgido una conversación donde Nora nos contó una pesadilla en la que aparecía un monstruo que hacía pócimas y una planta muy grande con forma de zorro. A través de este relato, hemos podido hablar sobre los miedos, las emociones y la importancia de expresar aquello que nos preocupa o nos asusta, y sobre todo les hemos dejado claro que mamá/papá siempre está ahí para protegernos, que en casa siempre estamos seguros.
Es fundamental acompañar y atender estas situaciones con escucha, calma y afecto, validando sus emociones y ofreciéndoles seguridad. De esta manera, ayudamos a los niñ@s a comprender sus sentimientos y a desarrollar recursos emocionales para afrontar sus temores.
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En el aula hemos compartido una propuesta de masa de harina donde los niñ@s han podido amasar, aplastar, pellizcar, rodar y crear libremente. Poco a poco han ido apareciendo “tartas”, “torres”, “bolas”, “panes” y muchas otras creaciones nacidas de su imaginación.
A estas edades, manipular con las manos es una forma muy importante de conocer el mundo. Mientras tocan, aprietan o deshacen la masa, fortalecen sus manos, coordinan movimientos y descubren diferentes sensaciones y posibilidades.
Durante el juego también surge el lenguaje de manera espontánea: “más”, “grande”, “mira”, “redonda”, “para ti”… Palabras que nacen del deseo de compartir, de mostrar lo que hacen y de vivir la experiencia junto a otros.
Cada niñ@ explora a su manera, siguiendo su curiosidad o imitando, sintiéndose capaz y acompañado.
Y todo esto sucede en un ambiente de confianza y seguridad afectiva, donde el vínculo creado en el aula les permite explorar con calma, atreverse, probar y volver a empezar sabiendo que están sostenidos por una mirada cercana y segura.
Nos vemos mañana con camiseta amarilla 💛
DIGNIDAD PARA EL 0-3
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La etapa de 0 a 3 años no es una antesala de nada. Es infancia plena, presente, profunda y decisiva. Por eso, dignificar el trabajo de las educadoras infantiles es también dignificar a la infancia y reconocer la importancia real de los primeros años de vida.
Es necesario recordar que cuidar, acompañar y sostener emocionalmente a la infancia no debería hacerse desde la prisa, la sobrecarga ni la falta de recursos. La infancia necesita presencia, calma y tiempo. Tiempo para observar, para escuchar lo que aún no pueden expresar con palabras, para comprender sus necesidades y acompañarlas con respeto.
Observar a un niñ@ no es simplemente mirar. Es estar disponible. Es reconocer sus ritmos, sus emociones, sus intereses y sus maneras de comunicarse. Solo desde esa mirada atenta podemos ofrecer respuestas ajustadas y crear espacios donde se sientan seguros, confiados y valorados.
El juego libre también merece ser protegido. Porque jugando exploran, experimentan, crean, elaboran emociones y construyen su propio aprendizaje. Necesitan adultos que acompañen sin invadir, que sostengan sin dirigir constantemente, que estén ahí como base segura desde la que poder descubrir el mundo.
La calidad en la atención a la infancia no se mide en contenidos o resultados, sino en la posibilidad de ofrecer vínculos estables, escucha, respeto y calma. Y eso solo es posible cuando quienes acompañan esta etapa cuentan también con reconocimiento, condiciones dignas y bienestar.
Defender el 0-3 es defender una infancia más respetada, más cuidada y más humana

Y yo tan a gusto 😂
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Hoy hemos salido a dar un paseo por Olmeda y, curiosamente, había bastante movimiento de coches. Lejos de ser un inconveniente, lo hemos aprovechado como una oportunidad para aprender de forma natural: cada vez que aparece un coche, nos detenemos y, desde la calma, buscamos la pared. Poco a poco, van tomando conciencia del entorno y del peligro sin necesidad de imponerlo, integrándolo desde la experiencia y la tranquilidad.
Después, hemos ido en busca de las obras… ¡parecemos jubilados! 😂 Les fascinan las máquinas, observar cómo trabajan, los sonidos, el movimiento. Y lo mejor es que ya no nos asusta el ruido; se nota que vamos ganando seguridad y confianza.
Al final, estos pequeños momentos reflejan lo que somos: una escuela de apego seguro, donde acompañamos desde el respeto, la cercanía y la confianza. Porque cuando un niñ@ se siente seguro, es capaz de explorar el mundo con curiosidad y sin miedo.