
Las texturas son clave para el aprendizaje. A través del tacto, los niñ@s exploran el mundo, fortalecen conexiones neuronales y desarrollan habilidades cognitivas.
Manipular materiales como arena, telas, plastilina, o en este caso, nieve casera, también mejora la motricidad fina y la coordinación. Además, las experiencias sensoriales favorecen la concentración y la regulación emocional. Cuando estas experiencias se comparten con adultos y amig@s significativos, se fortalece el apego y se construye seguridad emocional.
Ofrecer variedad de texturas en casa o en el aula es una forma sencilla y poderosa de estimular su desarrollo integral.


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