

El juego comenzó con la creación de pequeñas casas hechas con telas. Poco a poco, la imaginación transformó las casas en un castillo, y l@s niñ@s, colocándose sus capas, pasaron a convertirse en princesas dentro de su propia historia. El juego simbólico suele ir cambiando y enriqueciéndose a partir de las experiencias, intereses y referencias que l@s niñ@s incorporan de su vida cotidiana y de los vínculos que establecen con los demás. Desde las teorías del apego, este tipo de juego puede entenderse como una oportunidad para explorar emociones, roles y formas de relación en un contexto de seguridad y confianza.


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