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Montañas de algodón, casas improvisadas, refugios o escondites. Con los módulos de psicomotricidad, el juego cambia constantemente porque una idea lleva a otra y todo puede transformarse en pocos minutos.
Mientras juegan, imaginan, prueban, construyen y buscan nuevas formas de hacer las cosas. Hablan entre ellos, llegan a acuerdos, discuten, resuelven pequeños conflictos y continúan jugando juntos.
La observación del adulto tiene un papel importante. Mirar sin intervenir demasiado permite descubrir cómo van construyendo pensamiento, lenguaje, autonomía y relaciones con los demás. A veces buscan nuestra mirada para sentirse seguros y después siguen explorando y creando.
En ese juego libre y cambiante están aprendiendo mucho más de lo que parece: a relacionarse, a confiar en sí mismos y a entender el mundo desde la curiosidad.
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