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En el juego los niñ@s ponen a prueba su cuerpo casi sin darse cuenta. Se animan unos a otros por imitación: uno prueba algo, los demás miran, dudan y al final se atreven también, superando pequeños miedos. Cada cual lo intenta a su manera y según su edad, buscando cómo hacerlo para acercarse a lo que ha hecho el otro.
Hoy, por ejemplo, han construido una “carretera” para caminar sobre ella, concentrados en mantener el equilibrio y no caerse. Jugando así van ajustando sus posibilidades, probando, equivocándose y volviendo a intentarlo.
Y es en momentos como este, donde nuestra mirada es importante:
Contención de la mirada, por Daniel Calméls
La mirada del adulto opera como una forma de contención a la distancia. El niño/ a regula sus acciones bajo el monitoreo de la mirada de la maestra/o. Ante la realización de una acción prohibida el niño/ a "mira si lo miran", en este encuentro de la mirada busca un permiso o una prohibición.
Cuando un niño/a se golpea no mira en forma inmediata la zona golpeada, sino mira el rostro del adulto/a que lo acompaña, busca en otro rostro medir la dimensión de su dolor. Después que el adulto mira y acaricia, va el niño cuidadosamente a mirarse y tocarse la zona afectada.
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