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Hoy al preguntar “¿qué has desayunado?”, un niño respondió “¡caca!”. Aprovechamos la ocurrencia para seguir la broma con más preguntas divertidas y compartimos un buen rato de risas. Después, enlazamos el momento con el juego y utilizamos nuestro váter y la caca saltarina, integrando el humor de forma natural y acorde a la etapa evolutiva en la que se encuentran
La edad escatológica es una etapa del desarrollo infantil que suele comenzar hacia los 18-24 meses, coincidiendo con el inicio del control de esfínteres, y puede extenderse hasta los 4 o 5 años. En este período, el interés por el pis, la caca y todo lo relacionado con el baño es completamente natural. El niño@ descubre su cuerpo, aprende a reconocer sus sensaciones y experimenta que puede retener y soltar, es decir, que puede ejercer cierto control. Esto no es una obsesión ni una conducta inadecuada, sino una señal de maduración y de construcción de autonomía.
Como adultos, lo más importante es acompañar este proceso con calma y respeto. Conviene hablar del tema con naturalidad, sin transmitir asco, vergüenza o enfado, y evitar convertir el control de esfínteres en una lucha de poder. Cada niñ@ tiene su propio ritmo y forzarlo suele generar tensión o retrocesos. Introducir el humor de forma sana también ayuda a desdramatizar y a crear un clima de confianza. Cuando el adulto acompaña con paciencia, coherencia y tranquilidad, el niño puede vivir esta etapa como un logro personal y no como una fuente de presión.

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Los puzzles no son solo un juego: ayudan a trabajar la paciencia, la concentración y la capacidad de resolver problemas. También enseñan a tolerar la frustración y a pensar con calma.
Es importante dar tiempo y no adelantarnos a resolverlo por ell@s. En el ensayo y error está el aprendizaje. Y cuando acompañamos sin invadir, también fortalecemos el apego: estamos presentes y confiamos en que pueden hacerlo. De esta manera los niñ@s desplieguen su capacidad de resolver problemas, organizar y sostener la concentración sin depender de una intervención constante. Debemos confiar en que pueden ayudarse entre ellos y encontrar soluciones por sí mismos.

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Los cuentos son una herramienta que nos ayudan a entender lo que sentimos y lo que viven otras personas. A través de las historias trabajamos la imaginación, la atención, el lenguaje y también aprendemos a pensar y a expresar lo que nos pasa. Los cuentos nos enseñan valores, nos ayudan a hablar de emociones y nos permiten compartir momentos con otros.
El cuento “Cuando estés preocupado” nos recuerda que todos, en algún momento, nos sentimos preocupados. A través de una historia sencilla, muestra que tener amig@s es muy importante, porque ellos nos escuchan, nos acompañan y nos ayudan a sentirnos mejor. Nos enseña que no estamos solos y que pedir ayuda está bien.
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El Carnaval debe vivirse desde la mirada del niñ@, no desde las expectativas del adulto. Respetar la infancia implica escuchar lo que cada niñ@ siente y necesita: algunos querrán disfrazarse y participar activamente, otros preferirán observar o jugar de manera más tranquila. Todas las formas son válidas.
Desde la casa de niños ofrecemos disfraces y pinturas sin estereotipos, brindando libertad para mezclar, crear, pintarse y transformar los materiales según su imaginación. No imponemos personajes ni modelos; acompañamos el juego respetando sus decisiones.
Porque el verdadero sentido del Carnaval en la infancia no es cumplir con una idea adulta de celebración, sino garantizar un espacio donde cada niñ@ pueda expresarse, disfrutar y ser quien es.
Construir una carretera entre niñ@s, casi siempre implica conflicto: uno construye, otro derriba; uno la quiere recta y el otro con curvas. Y es normal. A estas edades están descubriendo su propia voluntad y aprendiendo a convivir.
Desde las teorías del apego, el adulto actúa como base segura: no impone ni se retira, sino que acompaña.Valida emociones, pone palabras a lo que ocurre y guía hacia pequeños acuerdos. Más importante que la carretera perfecta es el proceso: aprender que, con apoyo y seguridad, los desacuerdos pueden resolverse sin romper el vínculo.
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Este tipo de experiencias favorece el desarrollo de la motricidad fina, base fundamental para aprendizajes posteriores como la escritura. El gesto de abrir y cerrar la pinza se relaciona directamente con la prensión que más adelante necesitarán para sujetar el lápiz con firmeza y control.
Por ello, es esencial ofrecer oportunidades para manipular objetos con las manos desde edades tempranas. A través del juego y la exploración, los niños fortalecen sus manos, afinan sus movimientos y construyen habilidades que serán clave en su desarrollo cotidiano.
Desde la mirada de la teoría del apego, acompañamos esta propuesta respetando los tiempos individuales, sosteniendo la frustración cuando algo no sale, favoreciendo la espera y el espacio para el otro en el juego compartido, y entendiendo que no es una tarea obligatoria sino una experiencia lúdica segura, donde el vínculo y el acompañamiento adulto son la base para aprender y crecer.

Las texturas son clave para el aprendizaje. A través del tacto, los niñ@s exploran el mundo, fortalecen conexiones neuronales y desarrollan habilidades cognitivas.
Manipular materiales como arena, telas, plastilina, o en este caso, nieve casera, también mejora la motricidad fina y la coordinación. Además, las experiencias sensoriales favorecen la concentración y la regulación emocional. Cuando estas experiencias se comparten con adultos y amig@s significativos, se fortalece el apego y se construye seguridad emocional.
Ofrecer variedad de texturas en casa o en el aula es una forma sencilla y poderosa de estimular su desarrollo integral.
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Hoy, mientras bañaba al muñeco, se reprodujo una escena vivida el día anterior: regañaba al “bebé” por tirar agua al suelo, utilizando expresiones y gestos muy similares a los de su padre cuando se enfadó durante su propio baño. Al comentarlo con la madre, esta confirmó que esa situación había ocurrido.
Este hecho refleja cómo, a través del juego, los niñ@s elaboran experiencias recientes y ponen en práctica los modelos relacionales que están construyendo. Tal como señalan las teorías del apego, estas vivencias con las figuras de referencia se interiorizan y se manifiestan después en su juego, mostrando cómo comprenden y procesan las emociones y los vínculos afectivos.
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El juego con linternas favorece el descubrimiento y la exploración. A través de la luz, observan objetos desde otra perspectiva, resaltan colores y descubren las sombras y sus movimientos.
En estas edades, la oscuridad puede generar miedo, por lo que es importante ofrecer un ambiente seguro y acompañado, donde el adulto da confianza y permita transformar ese miedo en curiosidad y disfrute.