

LOS NIÑOS Y LA MOVILIDAD por Maite Alvarado y Horacio Guido
La niñez es el lugar de la movilidad permanente. Su cuerpo mutante juega a descolocarse, a ser otro en sí mismo: ser niño es tener todavía la posibilidad de elegir. Libertad virtual que pone en el límite y arriesga la noción misma de identidad: el niño puede devenir otra cosa de lo que se pretenda que sea.
La fantasía de mutar como la oruga en mariposa es más intensa en la infancia, cuando el cuerpo es transitorio y... día a día descubre nuevas regiones y corrige sus dimensiones. Como sujeto de esas mutaciones, los niños desbordan su propia identidad y juegan a escapar así del control adulto que ejercen familia y pedagogía, abren la brecha hacia ese espacio propio e inalcanzable donde ellos habitan.
La niñez es el lugar de la movilidad permanente. Su cuerpo mutante juega a descolocarse, a ser otro en sí mismo: ser niño es tener todavía la posibilidad de elegir. Libertad virtual que pone en el límite y arriesga la noción misma de identidad: el niño puede devenir otra cosa de lo que se pretenda que sea.
La fantasía de mutar como la oruga en mariposa es más intensa en la infancia, cuando el cuerpo es transitorio y... día a día descubre nuevas regiones y corrige sus dimensiones. Como sujeto de esas mutaciones, los niños desbordan su propia identidad y juegan a escapar así del control adulto que ejercen familia y pedagogía, abren la brecha hacia ese espacio propio e inalcanzable donde ellos habitan.
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