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Unos simples barreños en el suelo, agua templada y una densa capa de espuma blanca. No hace falta nada más para activar la curiosidad de un niñ@. En esta etapa, el juego con agua no es solo un pasatiempo de verano, sino una herramienta sensorial indispensable para el desarrollo integral del niñ@.
Permitir que se mojen, que descubran desde la experiencia y que dominen los elementos a su propio ritmo es el verdadero camino hacia el aprendizaje significativo. Dejemos que toquen, que sientan y que descubran el mundo a través de su propia exploración.
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