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Con una base segura desde la que explorar, los miedos no desaparecen de un día para otro: se superan paso a paso.
Hace un tiempo, la altura del columpio les parecía inmensa y subir unos centímetros ya suponía un gran reto. Hoy son capaces de llegar hasta arriba, con una sonrisa de orgullo y satisfacción que lo dice todo.
Cuando los niñ@s se sienten acompañados, comprendidos y seguros, desarrollan la confianza necesaria para atreverse, intentarlo y descubrir de lo que son capaces.
Además, en nuestra excursión de hoy hemos tenido la compañía de una abuela muy simpática que, con su cercanía y cariño, ha hecho la mañana aún más amena y especial para todos.

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