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Regar las plantas permite que los niñ@s conecten con la naturaleza a través del agua, la tierra, el tacto y los aromas. Esta actividad, además de resultar placentera, favorece el desarrollo de su autonomía y de sus habilidades motrices.
Al sostener la regadera y dirigir el agua hacia las plantas, fortalecen su coordinación y precisión motriz mientras disfrutan de la experiencia de cuidar su entorno.
Observar cómo las flores y las plantas crecen gracias a sus propios cuidados convierte el aprendizaje en una vivencia significativa, llena de sentido y satisfacción personal.
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