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La luz negra convierte la pintura en una experiencia muy atractiva para los niñ@s, ya que los colores fluorescentes destacan y llaman inmediatamente su atención.
Trabajar con distintos soportes y tipos de “pintura” es clave para el desarrollo de la motricidad. Cada material exige un ajuste diferente de la fuerza y del movimiento de la mano. De ese control tónico dependerá la huella que quede en el papel: más marcada, más suave o más precisa.
Estas experiencias ayudan a regular el tono muscular y a mejorar la coordinación a través del juego y la experimentación, siempre dentro de un ambiente seguro y relajado, donde se genera confianza y, de forma espontánea, surgen pequeñas conversaciones que fortalecen la comunicación y el vínculo.

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