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En esta etapa, entre los dos y tres años, los niños y niñas se encuentran en un momento clave de su desarrollo. A través del juego libre y la experimentación, comienzan a comprender relaciones como el equilibrio, la altura y la causa-efecto. Al apilar las banquetas y construir una torre, el niñ@ pone en práctica su coordinación motora, la planificación de acciones y la resolución de pequeños retos. Este tipo de juego favorece también la concentración, la autonomía y la confianza en sus propias capacidades, permitiéndole descubrir hasta dónde puede llegar por sí mismo.
El juego cambia al incorporar otros materiales, ahora está en una cárcel y su amiga Nora se incorpora a la actividad.
Sentirse seguro y acompañado favorece la exploración, la imaginación y el vínculo con los iguales. Desde una base de apego seguro, los niñ@s se atreven a crear, compartir y jugar juntos.
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