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Pasear por la naturaleza es una oportunidad sencilla y muy valiosa para su desarrollo. El entorno natural favorece el movimiento, la curiosidad y el aprendizaje a través de la experiencia directa: tocar, observar, escuchar y explorar sin prisas.
El contacto con la naturaleza estimula los sentidos, mejora la atención y fomenta la autonomía. Además, estos paseos generan conversaciones espontáneas entre el niñ@ y el adulto. Surgen preguntas y descubrimientos compartidos que enriquecen el lenguaje y el pensamiento.
No hace falta organizar grandes actividades. Caminar, parar a mirar algo que les llama la atención o responder a sus preguntas ya convierte el paseo en una experiencia educativa y de conexión.
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